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Pautas para si vas a ingresar a un familiar mayor en una residencia

Es muy duro tener que admitir que ya no eres capaz de cuidar a tu padre o a tu madre, ancianos en casa. Más duro todavía es saber que él o ella no van a estar a gusto porque no quieren estar ahí, quieren vivir en su casa, en familia, pero contigo, por las razones que sea, es inviable. Sabes que ahí van a estar mejor, pese al rechazo social, porque van a estar rodeados de expertos que pueden cuidarles mejor que tú y van a estar controlados las 24 horas del día.

Para sobrellevarlo de la mejor manera, la doctora en Psicología y experta en ancianos, Cristina Vidal-Martí, aconseja en una entrevista con Infosalus que hay varios elementos importantes en este proceso. En primer lugar destaca que es muy importante no engañar a la persona mayor. "Antes de que se realice el ingreso es conveniente que la persona mayor pueda visitar el centro, que pueda participar en el proceso de ingreso en la medida en la que sea posible, porque si hay deterioro es mucho más dificultoso", señala.

Según indica, muchas veces las familias por el propio sentimiento de culpabilidad, por las malas relaciones anteriores con los familiares, mienten a los mayores, les cuentan falsas expectativas y les anuncian que van a permanecer en la residencia 15 días, o sólo por una temporada, para no afrontar el proceso de institucionalización.

"Aunque haya deterioro, con el tiempo la persona anciana es consciente de que la situación se prolonga. Esto conlleva un cierto malestar porque la familia no es transparente y no es capaz de abordar la situación", agrega la psicóloga y también educadora social.

Vidal-Martí reconoce que no es una situación fácil ni para la familia, ni para el propio anciano que debe admitir que su nueva casa va a ser esa. "Nuestra cultura tampoco acepta suficientemente las instituciones, pero éstas sí deberían ayudar a las familias a encontrar recursos para abordar de manera abierta con su familia estas situaciones", añade.

Por ello, insiste en que lo conveniente es no dar falsas expectativas ya que "la comunicación que se establece condiciona la estancia del anciano en la residencia". Aquí también destaca que la comunicación es necesaria a la hora de hacer más fácil el proceso de adaptación, es un elemento de acompañamiento.

"Es un paso muy difícil para las familias y para los ancianos, pero también para las familias porque existe la creencia de que tenemos que cuidar, sobre todo si somos mujeres, cuidar a nuestros padres. Está ese sentimiento de culpabilidad porque alguien se rompe los huesos y no podemos cuidarles en casa, o porque la situación personal no hace posible la convivencia con el anciano en casa, por ejemplo porque las viviendas no están adaptadas frente a un dependiente", sostiene.

En el caso de ancianos con demencia avanzada, que no serán conscientes del proceso, Vidal-Martí recomienda reforzar la comunicación no verbal, ante la previsible falta de comunicación verbal. "En enfermo puede percibir esa distancia creada ante el sentimiento de culpabilidad", advierte.

De hecho, ante ese sentimiento de culpabilidad, Vidal-Martí aconseja acudir al psicólogo del centro para que éste les ayude a resolver aquellos asuntos que no estén resueltos, como por ejemplo el no sentirte querido por el padre ante la demencia que tiene, que ayude a entender por qué los padres se comportan "de forma tan rara" ante un trastorno neurocognitivo y que ayude a entender cuáles son las mejores formas de acompañar al padre en la residencia, con una sonrisa, con la presencia.

SEGUIR UN PROTOCOLO DE ACOGIDA

La experta recuerda que hay algunas comunidades autónomas, como Cataluña, donde se realiza un protocolo de acogida de ancianos en las residencias que facilita mucho el proceso de ingreso. Consiste, en primer lugar, en ayudar a las familias a que puedan conocer la residencia antes del ingreso, que el anciano pueda visitar cuál va a ser su próxima casa, si puede llevarse algún mueble de su casa, por ejemplo.

"El proceso de institucionalización es duro, no sólo se deja la casa, sino también los recuerdos, la vida, el proyecto ideal de envejecer en casa, y en este preingreso es conveniente que la persona pueda tomar conciencia de la situación, conocer a los profesionales, que pueda charlar con otros residentes, que se prepare ante esta situación", agrega.

Asimismo, indica que en el momento de la acogida se establece cuál es la documentación que hay que llevar a la residencia, quién va a atender al anciano, qué profesionales, quién lo guiará. Después, en la post acogida, se estudia cuáles son esos primeros días y primeros meses de la persona en el centro, cómo se va acomodando a la situación. "Hay programas de atención individualizada para que la persona se pueda ir adaptando y acomodando a la situación", añade Vidal-Martí.

Así con todo, la psicóloga recalca que es "vital" en el ingreso superar ese proceso de duelo. "En otros países, como Canadá, hay programas donde las familias se pueden quedar a dormir en las residencias, por ejemplo, que favorecen que la familia se integre en el centro, que tenga facilidades a la hora de acompañar a las familias", recuerda la doctora en Psicología.

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